Ya se va enero, Obama y una ley de años.
Casi se acaba el primer mes del año y las cosas siguen pintándose de incertidumbre desde el resultado de las votaciones, acá en los Estados Unidos, intensificándose cada vez más con el transcurso de los días en los que van ocurriendo hechos inesperados.
Tenemos por un lado a Thrump que no sabemos cómo va a actuar como presidente teniendo en cuenta las características de su personalidad, su irreverencia, su poder monetario y el respaldo casi absoluto ante el congreso, que pudiera permitirle hacer lo que quiera, como niño majadero con mesada abundante, que si quiere la canica más bonita, mete la mano en sus bolsillos, saca los billetes y la obtiene al precio que sea. Y eso definitivamente asusta, pues no se sabe qué puede pasar internamente o a nivel mundial, aunque hay un ápice de optimismo en pensar que no todos los congresistas vayan a ser cómplices y aprobar algún desatino del mandatario.
Luego está, esta carta que acaba de sacar Obama de abajo de la manga que nos deja boquiabiertos a todos los cubanos pues, sinceramente, nadie se lo imaginaba.
Ahora se habla mucho de un muro, y un muro imaginario es el que siempre ha existido en la política entre Cuba y este país de Norteamérica. Digo siempre pues cincuenta y ocho años de la dinastía Castro es una vida para los que hemos estado esperando cambios, tanto fuera de la isla como dentro -donde las papas queman.
Obama lo que hizo fue abrir un boquete en ese muro con su política de "acercamiento" a la isla por donde se coló la esperanza para los cubanos de ambas partes, de que todo iría bien. Que los dos gobiernos se pondrían -al menos- mínimamente de acuerdo y tomarían medidas a favor del pueblo isleño, ¡ilusos los que lo pensaron!
Durante Marzo, del 20 al 22, del 2016; la visita del primer presidente afroamericano de los Estados Unidos y el único después de casi noventa años a la mayor de las antillas, fue al mejor estilo farandulero y mediático. Hizo uso de su elegante figura, su personalidad cautivadora y estuvimos tres días pendiente de sus actos, pero lo único que se logró con eso que fue tan difundido y esperado, fue que los cubanos carentes de oportunidades y ávidos de cambios, se "endulzaran la boca". A los que nos cuesta ser optimistas con el Gobierno de los Castros sabíamos que eso no iba a llegar a nada.
Desde el 17 de diciembre del 2014, cuando los cubanos de ambos lados del "muro" saltaban eufóricos con la noticia de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, otros -entre los que me incluyó- veíamos escépticos lo que resultó ser un capítulo más de esta triste novela llena de desacuerdos en la que el pueblo de Cuba sigue representando su sufrido papel.
Eso sí, no se puede negar que disfrutamos de ese "intermezzo" en el que brindábamos con un pequeño trago de ilusión. Lo más traumático es que creímos en él, en su aire afable y a favor de los desprotegidos lo vimos como una especie de Robin Hood.
Su mandato tuvo, como una buena obra teatral en la que se disfruta del actor principal y todo lo que lo envuelve, dos temporadas. Los que votaron por él la primera vez, al ver que quedaban cosas pendientes; entre ellas, por su puesto, el tema de Cuba, votaron porque presidiera cuatro años mas, y él dejó para el final, como si ya más inolvidable no pudiera ser su paso por la presidencia, este inesperado desenlace con la derogación de la ley "pies secos-pies mojados", que dejó a miles de cubanos varados y frustrados, tanto en fronteras latinoamericanas de México y Panamá-Costa Rica, como dentro de la isla con la balsa hecha y los planes tejidos. Y con eso, y porque ya se va en un par de días y chirrín-chirrán, cierra el boquete que había abierto con este tremendo notición.
Conclusiones: ¿Realmente importa el pueblo cubano? ¿Realmente hubo cambios en la isla gracias a su intervención, que no pasó de ser otra cosa que "oratoria", por no decir que bla-bla? ¿Realmente movió o hizo tambalear la postura castrista? ¡Por su puesto que no! (aunque creo que eso le toca, de una vez por todas, al pueblo cubano y a los que nos duele su pesar).
Lo único que logró fue emborronar cuartillas, hacernos agua la boca creyendo que íbamos a saborear una nueva era en las relaciones diplomáticas entre los dos países.
¡Ah!, pero lo que sí consiguió fue pasearse por las calles adoquinadas de La Habana Vieja impregnadas de historia y con olor a mar, contemplar el rostro afable del cubano sencillo con que se codeó, fumarse un habano donde más se disfruta, y degustar de la exquisita gastronomía -la que desconocen los más pobres- comiéndose un solomillo de carne triple A en la Paladar San Cristóbal de San Rafael número 20, acompañado de su elegante mulata.
¿Y qué pasó? Pues que la situación para los cubanos de a pie volvió a quedar igual, o peor, pues ahora tiene camisa de fuerza el sueño de enfrentarse a un mar embravecido y llegar a la Yuma, o lograr pasar la frontera entre México o Canadá, o vivir en cualquier país del mundo -en China o la Conchinchina- durante años pensando en hacer cumplir el objetivo de llegar por fin aquí, a la tierra prometida.
Nada, que se va el mes y con él la ley que por cincuenta años benefició a tantos cubanos; y antes de que el día 20 cruce las doce de la noche para marcharse, ya tendremos a Thrump de presidente. Esperemos entonces, ya que la esperanza es lo último que se pierde, que en lo adelante este año se vislumbre mejor para todos.
Marta Requeiro.
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