Cuba. ¿Experimento social ante los ojos del turista?
“Cuba es una dictadura
paralizada en el tiempo”, “recibe muchos turistas, menos de los que debería”,
asegura la revista británica The Economist, en su edición del 4 de abril, además de prever que para el 2030
llegará a la isla tres veces más turistas que los cuatro millones reportados en
el 2016.
Muchos hoteles, con una
infraestructura arcaica y falta de mantenimiento, no impide que esto ocurra,
además de cobrar por un servicio cinco estrellas que no ofrecen y que distan de
igualársele a los estándares internacionales para tal categoría y con un
servicio de internet pésimo.
Menciona, además, el embargo
que Washington impone al país, tema que todos sabemos, es la justificación para
el real bloqueo que el propio régimen impone a los ciudadanos y que el cubano, sabiéndolo,
por temor no menciona. Se priva de recursos al pequeño empresario, se controla
sobremanera sin crear un compromiso de cooperación mutua para sacar adelante al
país, y algunos atemorizados cuelgan una foto de Fidel o Raúl frente a sus
fachadas para evitar una fiscalización demoníaca que termine llevándoles hasta
los clavos y dejándolos peor que al principio de empezar su sueño.
Sí, Cuba es una
dictadura paralizada en el tiempo y es a su vez un experimento de subsistencia
humana con los más rudimentarios recursos, a la vista curiosa de los turistas
que la visitan atraídos por la sensación de estar haciendo un viaje en el
tiempo sin necesidad de la máquina de la novela de ficción y sin importarles –a
la mayoría- cómo es que realmente el ciudadano logra sobrevivir en base a casi
nada. Se llenan sus barrigas en los centros turísticos y pasean el los carros
antiguos sin tener noción siquiera qué es vivir racionado, sin agua y sin luz.
Pero no es culpa del
turista que llega hasta la isla atraído por su idiosincrasia, de hecho esa es
la finalidad del turismo en el mundo: conocer culturas. El cubano es el que
debe tener las ganas de dejar de ser material de laboratorio, de tener que
estar buscando qué comer diariamente, sin alternativas de elección; como el
poder ir a un mercado y elegir, de acuerdo a su bolsillo, qué colocar en su
cesta.
Todo este asunto me
recuerda los experimentos hechos con los monos en los laboratorios, donde son
sometidos a privaciones, en entornos que acarrean aburrimiento, soledad, y
locura. Se les ignoran sus deseos y necesidades más fundamentales (www.petalatino.com). Si ellos teniendo
menos inteligencia que el ser humano son capaces de sublevarse… ¡hasta cuándo
van a suceder atrocidades en Cuba!
La pasividad no deja
alternativas si el silencio continúa. ¿Cómo se puede así dejar de ser una
atracción atrayente para el turista (en el peor sentido de la palabra)? ¿Cómo
se puede así dejar de ser una muestra de lo que puede llegar a soportar una sociedad oprimida?
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