De cuando era feliz
De cuando era feliz
conservo intacto
un pedazo de luz en la mirada
iluminando el camino ante mis ojos
por donde espero pronta tu llegada.
Y conservo aún algo de sentido
que poco a poco
ha ido ganando la locura.
También la gula de haber sido dichosa,
en un diario que hoy nombra a la amargura.
Una vez pregunté a Dios cómo sería
vivir sin tanta dicha regalada
cuando hinchado el pecho de gozo llevaba
y dormido entre mis brazos te miraba.
Él, en su acostumbrado silencio,
demoraba en contestar
para luego responder con este trueno
de penoso dolor,
lacerante dolor
y dolor ciego,
que en respuesta
a mi pregunta daba.
Me levanto cada día con una mueca
trastocada en apariencia de feliz sonrisa.
Mas me levanto…
y por miedo de pararme en la cornisa
abrillanto la esperanza incolorada
esperando ver tu amado rostro iluminado
con la alegría del reencuentro
deseado
que inesperado será,
como lo ha sido,
este tiempo incalculado
en que te has ido.
Hijo de mi alma,
amado hijo.
Autoría y derechos:
Marta Requeiro.
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