Fuera de lo cotidiano
Eres la patria
de la que me destierro
en las mañanas
tras un pedazo de deseo
colgando aún de la sonrisa
y la mirada.
Que bueno que el fuego del amor
queme el surco de lo amargo,
o lo difícil que haya traído
el día.
Regreso a la costa de tu costado
después de nadar en el mar de tus besos
y puedo distinguir
los detalles de la lámpara del techo
donde primero tenía tus jadeos.
Voy a una ducha tibia,
a mis zapatillas,
y al jazz.
A descubrirme entera
en una frase
cuando dices mi nombre
y me bautizas de nuevo.
Me invitas a decirle adiós
a lo cotidiano
mirando la lluvia desde la ventana
mientras la casa nos sirve de sombrero,
y las flores se doblan para reverenciarla.
Una hormiga se salva
en una hoja desbocada
por el canal que se formó
a orillas de la acera.
Y se asusta,
en los pequeños remolinos
que se forman con las piedras.
¿Me quieres?
¡Qué pregunta!- me dices.
Y siento
que soy la hormiga
y tu la hoja,
cuando me tomas de la mano
en el caudal desbarrancado
de la vida.Autoría y derechos: Marta Requeiro.
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